Una noche de feria
La feria del pueblo junta en una sola noche la comida, los juegos, el jaripeo y el baile. Con un poco de plan se disfruta de principio a fin.
En muchos pueblos del sur de Texas, de Nuevo México y del Valle Central de California, la feria es el evento del año. Dura un fin de semana, a veces una semana entera, y tiene un orden que casi no cambia: de tarde los juegos mecánicos y la comida, al caer el sol el jaripeo, y ya de noche el baile grande con el grupo que todos estaban esperando. Una sola entrada alcanza para todo, y por eso conviene llegar con tiempo.
Llegar de día
Lo mejor de la feria pasa con luz. Las filas para los juegos son más cortas, el calor empieza a bajar a eso de las seis y todavía hay lugar en el estacionamiento cerca de la entrada. Llegar temprano también te deja estacionar en un lugar que vas a encontrar fácil a la una de la mañana, cuando todo se ve igual.
Toma una foto del lugar donde dejas el carro, con algo que sirva de referencia: un poste, un número de fila, la esquina de un corral. Al final de la noche lo vas a agradecer.
Con niños
La feria es para toda la familia hasta cierta hora. Los juegos, los animales y la comida son para los chicos; el baile de medianoche, casi siempre, ya no. Muchas familias se quedan hasta el jaripeo y se van antes del baile, o se turnan para que un adulto lleve a los niños a casa.
Para no perder a nadie entre la gente:
- Antes de entrar, toma una foto de cada niño con la ropa que lleva puesta ese día.
- Escoge un punto de reunión fácil de ubicar, como la rueda de la fortuna o la entrada principal, y repíteselo a los niños.
- Escribe tu número de teléfono en una pulsera o en el brazo de los más chicos, con plumón.
- Diles que si se pierden busquen a una persona con uniforme o a una mamá con niños, y que se queden ahí.
El jaripeo
El jaripeo es la parte de la noche que distingue a una feria mexicana de cualquier otra. Los jinetes montan toros con una cuerda y tratan de aguantar hasta que suena la música, mientras la banda toca en las gradas y el locutor narra cada monta. Entre monta y monta salen los payasos de rodeo, que hacen reír y que también protegen al jinete cuando cae.
Si es tu primera vez, siéntate un poco arriba en las gradas. Se ve mejor el ruedo, y queda más lejos el polvo. Lleva una gorra o un sombrero, porque el sol de la tarde pega de frente en muchas arenas.
Comida, calor y efectivo
La comida de feria es razón suficiente para ir: elotes con mayonesa y chile, gorditas, tacos de trompo, churros, raspados y aguas frescas en vasos enormes. Muchos puestos solo aceptan efectivo, y el cajero automático de la feria suele cobrar comisiones altas o quedarse sin dinero a media noche. Lleva billetes chicos desde casa.
El calor de la tarde engaña. Entre el sol, el baile y lo que se toma, es fácil deshidratarse sin notarlo. Alterna cada bebida con agua y busca sombra de vez en cuando, sobre todo con personas mayores y niños.
El baile grande
Cuando el grupo principal sube al escenario, la feria cambia de ritmo. El ruedo o la pista se llena, y la noche se vuelve de los que vinieron a bailar. Lleva zapatos cómodos y cerrados, porque el piso de una pista de feria es de tierra, de concreto o de tablas, y nunca es parejo. Guarda la cartera y el teléfono en una bolsa que cierre, al frente.
Y piensa desde antes en el regreso: quién maneja, a qué hora salen y cómo se juntan todos al final. Una feria bien vivida termina con todos en casa y con ganas de volver el año siguiente.
